Si creíais que lo del éxodo rural y buscarse la vida en otra provincia era un invento moderno, es porque no habéis echado un vistazo al siglo XVI. Después de la expulsión de los moriscos (allá por 1570), el oriente de Almería se quedó más vacío que la nevera de un estudiante a fin de mes. Ya os he dicho muchas veces que no hay nada nuevo bajo el sol... Y si no lo he dicho, intención tuve.
La Corona necesitaba repoblar la frontera a toda pastilla para que los piratas berberiscos no camparan a sus anchas, así que abrió la veda y ofreció "suertes de tierra" (porción de tierra de cultivo cuyo nombre proviene de su origen histórico, al adjudicarse estas parcelas mediante sorteo o azar) y beneficios fiscales. ¿El resultado? Un crisol de apellidos murcianos, aragoneses y manchegos que bajaron al sur buscando fortuna. Hoy abrimos nuestros archivos para conocer a la familia de Francisco García de Mula y Damiana Segura López, y a la curiosa pandilla de "inmigrantes" del siglo XVI que formaron su árbol genealógico.
Los "De Mula": Apellido con GPS y casas de piedra
Empezamos con la familia de Francisco García de Mula. Su hijo Diego (nacido en 1621) ostentaba un apellido ("de Mula") que funcionaba como un auténtico GPS genealógico de la época, ya que nos indica, con un 99% de probabilidad, que su linaje procedía de la vecina Villa de Mula, en el Reino de Murcia, desde donde emigraron muchos soldados y colonos tras la guerra.
Diego se casó en 1643 con Ana Bolea Alarcón, una chica cuyos apellidos eran un "remix" total (cosa que sSi creíais que lo del éxodo rural y buscarse la vida en otra provincia era un invento moderno, es porque no habéis echado un vistazo al siglo XVI. Después de la expulsión de los moriscos (allá por 1570), el oriente de Almería se quedó más vacío que la nevera de un estudiante a fin de mes. Ya os he dicho muchas veces que no hay nada nuevo bajo el sol... Y si no lo he dicho, intención tuve.
La Corona necesitaba repoblar la frontera a toda pastilla para que los piratas berberiscos no camparan a sus anchas, así que abrió la veda y ofreció "suertes de tierra" (porción de tierra de cultivo cuyo nombre proviene de su origen histórico, al adjudicarse estas parcelas mediante sorteo o azar) y beneficios fiscales. ¿El resultado? Un crisol de apellidos murcianos, aragoneses y manchegos que bajaron al sur buscando fortuna. Hoy abrimos nuestros archivos para conocer a la familia de Francisco García de Mula y Damiana Segura López, y a la curiosa pandilla de "inmigrantes" del siglo XVI que formaron su árbol genealógico.
e repite en la familia): Bolea (de raíces aragonesas) y Alarcón (castellano y noble). Ambos eran familias de repobladores a los que se les dio tierra para reactivar la agricultura y, de paso, militarizar la zona.
Y no vais a adivinar dónde vivían, pues sólo tenéis que fijaros en el nombre del pueblo: Cuevas de Almanzora (antes Cuevas de Vera o Cuevas del Marqués). Es decir, que esta pareja, como muchos otros, habitaba en viviendas excavadas directamente en la roca. Era el aislante térmico perfecto de la época (y hasta de la actualidad) para sobrevivir a los veranos asfixiantes y a los inviernos helados de Almería.
A estos antepasados nuestros les tocó lidiar con una época complicada (a veces me pregunto qué época no ha sido complicada): la década de 1640 a 1650 estuvo marcada por brutales brotes de peste bubónica y por una sequía espantosa que remató con la catastrófica Riada de San Calixto en 1651. Sobrevivir a su matrimonio y tener hijos ya era, de por sí, el mayor éxito biográfico al que podían aspirar, (bueno, vale, esto sí que fue una época realmente complicada).
Los Manchegos en Almería: La conexión Cerezuela
Si trepamos un poco más arriba en el árbol genealógico de esta pareja, la historia se pone aún más interesante. Nos vamos a los abuelos maternos de Ana: Garci Rodríguez (nacido hacia 1552) y Catalina Sánchez.
Ojo al dato, porque estos no venían de Murcia. Venían directos del corazón del Quijote: Villanueva de los Infantes, en Ciudad Real (no, si al final estaremos emparentados con Don Quijote...).
¿Qué hacían unos manchegos en la costa de Almería? En el siglo XVI, Villanueva de los Infantes era la flamante capital del Campo de Montiel (se acababa de independizar de la Orden de Santiago) y vivía su Edad de Oro. Pero, claro, las tierras las heredaba el hijo mayor (el mayorazgo). Así que los segundos o terceros hijos de las familias hidalgas locales —como nuestro Garci Rodríguez—, que no iban a heredar ni un botijo, hicieron las maletas y aprovecharon los incentivos del Rey para buscar fortuna en el Reino de Granada.
Garci, que llevaba el nombre de su abuelo (algo indispensable en la época para no perder la condición de hidalgo y no pagar impuestos), se casó con Catalina Sánchez. Su padre, Alonso Sánchez Ramírez, era un labrador rico manchego que seguro que vio con buenos ojos que su hija emparentara con los hidalgos Rodríguez. De ahí, el linaje fue bajando hasta Almería, cruzándose por el camino con los Martínez de Cerezuela, otra familia mítica de la frontera granadina y almeriense.
Los Manchegos en Almería: La conexión Cerezuela
Si trepamos un poco más arriba en el árbol genealógico de esta pareja, la historia se pone aún más interesante. Nos vamos a los abuelos maternos de Ana: Garci Rodríguez (nacido hacia 1552) y Catalina Sánchez.
Ojo al dato, porque estos no venían de Murcia. Venían directos del corazón del Quijote: Villanueva de los Infantes, en Ciudad Real (no, si al final estaremos emparentados con Don Quijote...).
¿Qué hacían unos manchegos en la costa de Almería? En el siglo XVI, Villanueva de los Infantes era la flamante capital del Campo de Montiel (se acababa de independizar de la Orden de Santiago) y vivía su Edad de Oro. Pero, claro, las tierras las heredaba el hijo mayor (el mayorazgo). Así que los segundos o terceros hijos de las familias hidalgas locales —como nuestro Garci Rodríguez—, que no iban a heredar ni un botijo, hicieron las maletas y aprovecharon los incentivos del Rey para buscar fortuna en el Reino de Granada.
Garci, que llevaba el nombre de su abuelo (algo indispensable en la época para no perder la condición de hidalgo y no pagar impuestos), se casó con Catalina Sánchez. Su padre, Alonso Sánchez Ramírez, era un labrador rico manchego que seguro que vio con buenos ojos que su hija emparentara con los hidalgos Rodríguez. De ahí, el linaje fue bajando hasta Almería, cruzándose por el camino con los Martínez de Cerezuela, otra familia mítica de la frontera granadina y almeriense.





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