sábado, 22 de agosto de 2026

Los García de Mula: Caballeros, langostas y confirmaciones en pañales

 

¿Continuamos nuestro paseo temporal sobre el camino de baldosas amarillas genealógicas? (No es necesario que cantéis y deis saltitos... a menos que os apetezca mucho).

Dejamos atrás las escaramuzas piratas de los hermanos Alarcón Lario y su afanosa vida en la frontera, para centrarnos en otra rama de los nietos de Juan Lario: los García de Mula. En esta ocasión, vamos a zambullirnos de lleno en la vida de dos hermanos (otra vez) de finales del siglo XVI, hijos de Ana Lario y Andrés García de Mula: Francisco y Salvadora.


Un pedigrí que viene de lejos


Para entender a esta rama de la familia, primero hay que mirar su apellido. El apellido García de Mula no apareció de la nada, aunque os lo pueda parecer; cuenta con un enorme arraigo histórico documentado en la comarca lorquina y en el Reino de Murcia desde los siglos XVI y XVII.


Si trepamos por los árboles nobles medievales, descubrimos que los primeros García de Mula llegaron al Reino de Murcia acompañando nada menos que al rey Jaime I el Conquistador (rey de Aragón, Valencia y Mallorca, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier y otros feudos de Occitania... Creo que he dicho todos los títulos, no vaya a ser que su espíritu se nos moleste). Entre aquellos "caballeros conquistadores" originales que se asentaron en la zona llegó un tal Pedro García de Mula y a finales del siglo XVI, tras las guerras contra los moriscos, el poderoso Marquesado de los Vélez atrajo a las ramas segundonas de estos hidalgos de Lorca y Mula para repoblar la desértica y fronteriza Almería (nuestra ya conocida Cuevas de Almanzora).


Sobrevivir a las plagas (nivel experto)


A esta generación familiar le tocó vivir una de las épocas más duras que recuerda el sureste español. Entre las décadas de 1620 y 1640, la zona fue un cóctel apocalíptico: sufrieron intensas sequías, nubes de langostas devorando cosechas y severos brotes de epidemias como la peste. Si la vida actual os parece estresante, imaginaos lo que era enfrentarse a todo eso.


Haber sacado adelante a sus familias en este entorno tan sumamente hostil es la prueba definitiva de que disponían de unos recursos económicos estables. Y vaya si los tenían. Esta rama de los García de Mula no era una familia más del pueblo; pudieron demostrar formalmente su hidalguía y limpieza de sangre en instituciones como la Hermandad de San Juan Evangelista y ocuparon de manera recurrente el cargo de Alcalde Ordinario de la villa, un puesto reservado a los nobles que estaba fuertemente ligado a la estructura del Marquesado de los Vélez para gestionar la justicia local y recaudar las rentas. Vamos, que nuestros antepasados eran unos antepasados de postín... y el que no se consuela es porque no quiere.


Las familias (el caos de los apellidos ataca de nuevo)


1. Francisco García de Mula y Damiana Segura López 

Francisco se casó en mayo de 1619 con Damiana. De este matrimonio nacieron ocho hijos entre 1620 y 1644: Ana, Diego, Andrés, Francisco, Tomasa, Juan, Pedro y Francisca. Y aquí nuestro árbol vuelve a hacer de las suyas: a los hijos les dio por acortar el apellido paterno. Todos fueron inscritos como "De Mula Segura", dejándose el "García"  olvidado por el camino. Un regalito más para los que investigan legajos.


2. Salvadora García de Mula y Alonso Serrano Marín (El misterio del sacramento) 

La hermana de Francisco, Salvadora, se casó también en 1619 con Alonso Serrano Marín. Y ojo a la descendencia, porque trajeron al mundo a catorce hijos, incluyendo a unos gemelos (o mellizos), Alonso y Salvadora, nacidos ambos en 1636. Parecían dispuestos a poblar el pueblo con la familia.


Pero el detalle de archivo que más nos llama la atención lo trae el marido, Alonso Serrano. Nacido en mayo de 1592, los registros nos cuentan que fue confirmado en 1596... ¡con solo 4 años!. De hecho, repasando partidas, hemos descubierto que había bebés confirmados con pocos meses de vida.



¿Por qué confirmaban a los niños tan pequeños en el siglo XVI? Aunque hoy nos suene marciano, en aquella época era habitual por una mezcla de terror y logística:



  • La temida mortalidad infantil: Casi la mitad de los niños morían antes de cumplir los siete años. Los padres buscaban administrarles todos los sacramentos lo antes posible para garantizar la salvación de su alma y su entrada al cielo.

  • Visitas de pascuas a ramos: El obispo era el único que podía confirmar. Como estos prelados visitaban los pueblos cada muchos años, las familias aprovechaban la ocasión para confirmar en bloque a todos los hijos nacidos desde la última visita, tuvieran la edad que tuvieran.

  • Cuestión de orden: En la Iglesia occidental de la época, la confirmación era el segundo sacramento de iniciación y debía recibirse siempre antes de poder hacer la Primera Comunión.


Y con esto acabamos con los García de Mula, nos sentamos a un lado del camino y descansamos hasta el próximo capítulo.




1 comentario:

  1. ¡¡Dolo, qué sorpresa!! Leo tu entrada perpleja: soy de Cuevas del Almanzora y mi abuela paterna era una Garcia de Mula. Al final, seremos primas o algo 😃
    Besos.

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