miércoles, 9 de septiembre de 2026

Parada técnica: Sangre azul, cargos ilustres y cotilleos de los años treinta

 

Antes de seguir metiéndonos en harina con los datos de la familia recopilados con paciencia de hormiga por la iniciadora de todo, hacemos un alto en el camino para enseñaros un descubrimiento fascinante que hemos pescado buceando en las hemerotecas históricas, bueno, hemos no, que no voy yo a ponerme medallas que no me corresponden; la frase correcta es: un descubrimiento fascinante que mi hermana pescó buceando en hemerotecas. Y preparaos, porque dejamos a un lado las azadas de las milicias para codearnos con la realeza y la alta política.

Rastreando la rama de los Márquez, dio —ella, no yo—   con varios ejemplares de 1934 y 1935 del periódico independiente de Cuevas del Almanzora titulado El Censor (el nombrecito, para un periódico, se las trae). En su sección central de título Folletón de El Censor, encontramos un texto firmado por don M. Flores González Grano de Oro, Cronista Oficial de Cuevas.

A don Miguel Flores le habían encargado la monumental tarea de ser redactor-corresponsal en Almería para la gran Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispano Americana, una lujosa obra que se editaba en Madrid con tirada limitada a solo 500 ejemplares. Como a nuestro cronista le parecía una injusticia que aquellos apuntes sobre los linajes de Cuevas se quedaran en una biblioteca exclusiva sin que sus paisanos pudieran conocerlos, decidió compartirlos por entregas  (de ahí lo de Folletón) en El Censor para que cualquier vecino pudiera coleccionarlos. Agradezcamos y aplaudamos la generosidad de don Miguel.

1. La frontera en el ADN: El origen del apellido Márquez


Antes de entrar en partidas de nacimiento, el cronista nos regala la razón que los sesudos genealogistas esgrimen como origen del apellido. Explica, así, que el Márquez procede de la dignidad de Marqués, término derivado del germánico y latino MARC o MARCHIA, que definía el límite o confín de una provincia junto al mar o territorio fronterizo.

Los caballeros encargados de custodiar y gobernar esas zonas límite recibían dicha distinción de Marqués, que con el paso de los siglos se convirtió en título hereditario y en los siguientes patronímicos: Márquez en Valencia y Andalucía, Marqués en Aragón y Castilla, o Marquet en Cataluña y Baleares. Vamos, que nuestros antepasados llevaban el título de «fronteros» hasta en el propio apellido.

El cronista rescata a figuras legendarias del linaje:

  • Un Marcos Gutiérrez, castellano de Aguilar, a quien la Crónica General de España señala como origen de los Marco o Marcos.

  • Juan Márquez, un valeroso caballero que ayudó al rey Fernando III el Santo en la conquista de Sevilla, siendo de los intrépidos que rompieron las cadenas del puente de Triana.

  • Pedro Márquez, que se embarcó con el rey Jaime I de Aragón para la conquista de las islas Baleares, dejando a sus hijos asentados en tierras mallorquinas.

Aprende, Daniel Boone.

2. Del trono de Castilla a las damas de corte


El diario o, mejor dicho, don Miguel, no se anda con chiquitas a la hora de buscar los orígenes del linaje. Lejos de conformarse con hidalgos locales, remonta la «Rama Troncal» familiar directamente a los monarcas castellanos (¿qué os dije del pedigrí?):

  • El origen regio: Sitúa el principio de la estirpe en el Infante don Manuel, séptimo y último hijo varón del rey Fernando III el Santo y su primera esposa, la reina Beatriz de Suabia. A este infante su hermano Alfonso X el Sabio le encomendó nada menos que el cargo de Adelantado Mayor de la frontera del Reino de Murcia.

  • Los señores de fortalezas: De su segundo matrimonio con Beatriz de Saboya nació don Sancho Manuel de Castilla, ricohombre de Castilla, teniente de alcalde del Castillo de Murcia y señor de las fortalezas de Aguadera y Ugejar en la jurisdicción de Lorca, quien cobraba al servicio del rey Jaime de Aragón un sueldo nobiliario de 2.000 sueldos anuales.

  • La dama de la frontera: Su hija fue doña Aparicia Rodríguez Manuel (a quien otros papeles de la casa llaman «Aparicia del Fondón y Márquez»). Era «Señora de Manto» (equivalente a Dama de Corte) y residió en Lorca como esposa de su primer marido, Nuño de Mondoñedo, un caballero frontero portugués que murió combatiendo en el asedio de Algeciras en 1342. Tras enviudar, casó en segundas nupcias con el capitán Martín de Morata y Manuel.

Y para que no quede el menor rastro de duda del prestigio familiar, el cronista despliega un currículum impresionante de parientes: un obispo de Cuba en 1581, obispos de Ávila, embajadores de Castilla en Génova y Roma allá por 1413, miembros del Consejo Supremo de Su Majestad e incluso benefactores como don Juan Márquez Orozco, que fundó conventos en México dejando 300.000 patacones para obras pías (si alguien sabe calcular a cuánto equivaldría en la actualidad que no dude en decirlo que una es curiosa).

3. El desembarco en Cuevas del Almanzora


Ese matrimonio de don Martín y doña Aparicia se convirtió en el tronco fundador de los Márquez en la villa de las Cuevas. Al establecerse en la comarca, el linaje se entrelazó mediante matrimonios con las familias hidalgas más influyentes de la zona, muchas de las cuales ya os sonarán de nuestras anteriores entradas: los Soler (o Solier), Blázquez, Guirado (o Guirao), Flores, Benavente, Jofré de Loaysa, Molina o Campoy.

La crónica desgrana con detalle la primera rama asentada en Cuevas, encabezada por Juan Márquez y Aparicia Rodríguez, naturales de Lorca. De esa estirpe desciende una figura clave en la administración local del siglo XVI:

  • Don Andrés Márquez Teruel de Ribabellosa: Natural de Lorca (la «Ciudad del Sol»), llegó a Cuevas como vecino y «nuevo poblador». Allí asumió responsabilidades públicas de primer orden: fue Regidor de la villa en 1584, 1589 y 1604, y Alcalde de Aguas en 1600.

  • El nexo familiar: Casó con Catalina Sabina Gómez de Esquivel, y sus hijos siguieron copando el poder municipal: su hijo Andrés fue también Regidor, y su hija doña Aparicia Rodríguez del Fondón y Márquez (que, al igual que los antepasados que vimos en el capítulo anterior, fue confirmada de niña en 1596), casó con el regidor Pedro Alonso de Soto. El hijo de ambos, Andrés Alonso de Soto y Márquez, llegó a ser Teniente de Alcalde Mayor de Cuevas y contrajo matrimonio nada menos que con una Abellán, cerrando ese círculo de alianzas del que tanto os hemos hablado.

Y hasta aquí llega nuestro Folletón, con datos, nombres e historias de los que hablaremos más largo y tendido en próximas entregas (aquí, siguiendo la tradición familiar folletinesca).

4. Los imperdibles cotilleos de 1935


Y ya que estamos con el periódico en nuestras virtuales manos, podemos echar un vistazo diferente al pasado:

  • Alerta sanitaria doméstica: Un artículo firmado por Salvador Cañadas advierte con enorme dramatismo a las madres de familia sobre el peligro de las gallinas como portadoras del bacilo de la difteria, rogando que bajo ningún concepto permitan que las «inocentes criaturitas» jueguen o besen a los animales domésticos.

  • La comidilla del pueblo: En la sección de sociedad, el redactor no puede evitar comentar el sonado caso de don J. M. F. M., un joven local «muy simpático por cierto», que de la noche a la mañana cancela planes de boda y se marcha a Madrid para ingresar en una orden religiosa. El cronista se apresura a aclarar a los lectores que la decisión no se debe a ningún desengaño amoroso, asegurando que «a cuantas flores se ha dirigido fue correspondido» y achacándolo todo a «algún asunto lírico». ¡Elegancia periodística pura!

Como veis, bucear en las hemerotecas nos ha regalado un viaje completo: desde emparentar con Fernando III el Santo hasta enterarnos de los avisos y comadreos vecinales de los años treinta. Esperemos que haya sido un recreo ameno y curioso y que os haya resultado entretenido.




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