sábado, 29 de agosto de 2026

Vera, zona cero: Milicias, endogamia y el club de los cristianos viejos

 



Si en capítulos anteriores vimos a nuestros antepasados lidiando con piratas, sequías, piojos y nubes de langostas, entre otras cosas, hoy nos toca ponernos el traje de gala (o la armadura, según se mire). Vamos a indagar en tres ramas familiares que tejieron los hilos del poder, la economía y la supervivencia en el Levante Almeriense del siglo XVI: los Gómez Soler, los Segura López y los Serrano Marín... Casi ná.


1. Los Soler Blázquez: Los dueños del cortijo (que tardaron en ser nobles)


Para arrancar, os presentamos a Juan Soler Blázquez (nacido hacia 1553) y Mariana Gómez (nacida hacia 1558), que se casaron en Vera en 1578. Son nada menos que los padres de Margarita Gómez Soler (nacida en 1580) y María Blázquez (nacida en 1582). Estas dos hermanas fueron las esposas de los famosos hermanos Juan y Martín Alarcón Lario.


La familia de Juan no andaba descalza, ni harapienta, ni pasaba hambre, ni le preocupaban los moriscos. Sus padres, Alonso Soler y María Blázquez, pertenecían a las familias de «cristianos viejos» que se hicieron con el control económico de la zona tras la reconquista. A Juan le tocó lidiar con la época posterior a la Rebelión de las Alpujarras (1568-1571), participando activamente en la organización de milicias concejiles para frenar a los piratas berberiscos. 


Y ahora poneos cómodos que os explico qué es esto de las «milicias concejiles», pero tranquilos que va a ser una explicación como de andar por casa. Pues veréis era, básicamente, como si el alcalde del pueblo (en el caso que nos ocupa, el señor Juan Soler Blázquez), abre un grupo de WhatsApp y envía un mensaje en plan (¿a que queda moderno lo de «en plan»?): «Vecinos, que los del pueblo de Villabajo han decidido venir a visitarnos y llevarse de paseo a nuestras vacas, así que pillad lo que tengáis por casa y vamos a recibirlos adecuadamente». Y entonces los vecinos cogían cualquier cosa que pillaran, se iban de batallita el fin de semana y luego volvían a sus labores. Pero no os creáis que esto era porque eran muy valientes, no señor, esto es que el rey también enviaba un mensaje y les decía: «Mirad, si os animáis a defender la frontera, yo, a cambio, os libero de los impuestos y os hago hacer vuestras leyes» y, claro, la gente corría a firmar sin pensarlo dos veces... Y estos eran los famosos fueros. Si eras el pijo del pueblo y podías comprar un caballo, pasabas a ser un «caballero villano», ¿para qué servía ese título? Pues para chulear y para que el rey te pidiera que fueras delante en la batalla. Todo un privilegio, ¿eh?


Aparte de esto, Juan tuvo muy buen ojo para los negocios y tras la expulsión morisca, gestionó la compra de las tierras y derechos de agua que estos dejaron atrás.



El hermano oficinista: 


Mientras Juan (demasiado ocupado con sus milicias) y Mariana (supongo que demasiado ocupada pariendo) no solían firmar actas en el ayuntamiento, su hermano Francisco Soler Blázquez se dedicó al oficio de escribano público y acumuló la mayor presencia documental de la comarca.



Expansión y bodas de postín: 


La familia se expandió hacia Cuevas de Vera, entrelazando su linaje con otras familias de la burguesía y el funcionariado local (como los Cervantes, Jofre o Albarracín).



El papeleo tardío: 


La familia mandaba mucho, pero aún no tenían la condición jurídica de hidalgos. Fue un descendiente, Alfonso Albarracín Soler, quien tuvo que abrir un expediente formal en 1785 para demostrar en los tribunales el «distinguido nacimiento» de su familia. («distinguido nacimiento», madre mía el pedigrí).


2. Los Abellán y Segura: Terremotos y el círculo de confianza


Cambiamos de tercio (no de los de Flandes, de los otros) y nos vamos a los ancestros de Damiana Segura López (nacida en 1600), la esposa de Francisco García de Mula. Sus padres fueron Diego Abellán Segura y Francisca López Caja, casados en 1583.


Diego nació en 1553. Esto significa que llegó al mundo apenas 35 años después de que el devastador terremoto de 1518 destruyera por completo la antigua Vera, obligando a sus habitantes a reconstruir una ciudad de nueva planta, así que casi andaba estrenando ciudad. Era hijo de Francisco Abellán y Elvira Segura. El apellido Abellán probablemente viene de los soldados o colonos murcianos que llegaron tras la capitulación de Vera en 1488.


Por su parte, la madre de Damiana, Francisca, era hija de Juan Segura y Francisca López Caja.


Mujeres al mando: 


Francisca vivió en una Vera que funcionaba prácticamente como un cuartel militar. Y mientras los hombres estaban en las milicias, con sus batallitas y sus historias, las mujeres gestionaban el día a día intramuros.

El apellido como caja fuerte: 


El apellido compuesto «López Caja» (más la parte de Caja que la de López) solía estar ligado al control de caudales o escribanías. Se usaba de forma compuesta para no perder el rastro de una herencia o el parentesco con un linaje relevante.

Todo queda en familia: 


Para mantener el codiciado estatus de «cristianos viejos» frente a la mayoría morisca rural, las familias evitaban mezclarse. De hecho, el abuelo materno de Diego (Juan Segura) y la abuela paterna (Elvira Segura) compartían apellido y es altamente probable que fueran parientes cercanos, consolidando el patrimonio familiar mediante la endogamia (a ver si os creíais que eso sólo era cosa de reyes).



3. Los Serrano Marín: El nexo murciano


Para cerrar el círculo, echamos un vistazo rápido a los padres de aquel niño prodigio de los sacramentos: Alonso Serrano Marín (el marido de Salvadora García de Mula, confirmado con 4 años).


Sus padres fueron Juan Serrano y Francisca Marín. Los Serrano eran una familia muy arraigada en la Tierra de Vera y el Almanzora, trabajando históricamente como labradores, propietarios y regidores del cabildo local. El matrimonio de su hijo Alonso con Salvadora es el ejemplo perfecto de cómo las familias terratenientes del norte de Almería buscaban alianzas matrimoniales en la Región de Murcia (Lorca, Mula) por motivos migratorios, de trabajo y ganadería.


Y esto es todo por hoy, veremos dónde nos llevan las baldosas amarillas en la próxima entrada.



2 comentarios:

  1. Pues nada, querida prima, vuelvo a intervenir para anunciarte que también por ese lado se ve que emparentamos: mi abuelo paterno venía de los Soler Blázquez 😃
    En el registro de la parroquia de cuevas encontré a esas familias (siguiendo el rastro, claro) inscritas en 1613, creo recordar.

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  2. Cada vez más cerca el lazo familiar XD Veremos cómo avanza esto porque yo, hasta que mi hermana (que es la que ha hecho toda la investigación y ha buceado en archivos) no me pase los siguientes datos, yo estoy en ascuas :)

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