lunes, 28 de septiembre de 2026

El archivo de los Márquez: héroes, Inquisición y curas "desmemoriados"

Preparaos que comienza el desfile de los Márquez.

Dejamos atrás a piratas y especuladores y abrimos por fin el misterioso y abultado cajón de la familia Márquez. Y no veais el culebrón que la archivera mayor del reino ha sacado a la luz: nobleza, censura y fortunas lideradas por mujeres. Inspiración y enredos sin fin para deleite de guionistas.

El epicentro, que no el origen, de esta rama no está en Almería, sino en la vecina Lorca (Murcia), una ciudad que en los siglos XV y XVI era la frontera caliente de la península.

 

1. Del norte frío a codearse con el Cid


Empecemos por donde hay que empezar, es decir, por el principio... Bueno, más o menos porque en geneaología siempre hay un principio anterior al principio. Quizás sea más apropiado decir que vamos a empezar por un punto de la historia que elegimos como principio aunque antes hay muchas, muchísimas cosas. No sé si habrá quedado claro, pero vamos a ello.

 Así que antes de volver a pasear por el sur peninsular, subimos varios kilómetros hacia el norte y bajamos varios siglos en el tiempo, hasta encontrar la casa más antigua, que, según las crónicas, tiene su origen en el Señorío de Vizcaya, pasando luego a radicar en la Villa de Neila (Burgos). Y no hablamos de unos cualquiera sino de gente de «procedencia infanzona», es decir, parientes de la realeza. Tenían casa solariega, capilla propia y hasta sepultura en el insigne templo de San Pedro de Cardeña, entre los ricoshombres de la época.

Para rematar la historia, la Crónica General de España (la misma que citaba nuestro querido don Miguel Flores en su folletón) aclara que el apellido desciende de un tal Marcos Gutiérrez, Castellano de Aguilar, cuyos descendientes empezaron a apellidarse Márquez. Desde esas tierras frías y nobles, las distintas ramas fueron bajando con la Reconquista hasta establecerse en Lorca, Cuevas de Almanzora, Badajoz y Cádiz.

2. El abuelo heroico y el "no pagar"


Y ahora, sí, bajamos al sur y subimos algunos siglos en el tiempo para llegar al lugar donde todo arranca a finales del siglo XV con don Juan Márquez, nacido hacia 1485. Era éste un caballero hidalgo con una carrera militar que harían palidecer de envidia a algún héroe de película yanqui. Nuestro tataratataratatara... y todos los tatara que correspondan... abuelo Juan le tocó participar activamente en las "cabalgadas", misiones de vigilancia y escaramuzas de retaguardia destinadas a pacificar los focos de resistencia que quedaron tras la caída de Granada en 1492. 

Cuando el frente bélico se trasladó a la costa, Juan se integró en los contingentes de caballería y milicias concejiles de Lorca. Su misión era repeler los saqueos y custodiar los caminos contra las rápidas razzias berberiscas que buscaban capturar botín y llevarse a los cristianos como esclavos. Era el perfecto caballero cristiano y, para los habitantes de un Lorca, un salvador.

Pero no os creáis que Juan se jugaba el tipo sólo por amor al arte. Sus hazañas militares sirvieron como prueba jurídica irrefutable en los pleitos de hidalguía para demostrar que su familia no tenía que pagar tributos como los "pecheros". 

Hacia 1515 se casó con Aparicia Rodríguez, una mujer de «calificada estirpe», y juntos fundaron la ilustre casa de Mena y Márquez. Al casarse con ella, confirmaba su "limpieza de sangre" (sin antepasados judíos ni musulmanes).

 ¿Su escudo de armas? Toda una declaración de intenciones: un diseño partido con tres bandas rojas sobre fondo azul, coronado, atención, por un brazo armado sosteniendo una bandera. Lástima no disponer de una imagen de dicho escudo.

3. La sombra de la Inquisición y el cura desmemoriado


Avanzamos un par de generaciones y llegamos a su hijo, Andrés Márquez de Ribabellosa Rodríguez, nacido hacia 1530. Fue un hidalgo, miembro de una rama familiar noble que expandió su influencia hacia la provincia de Almería. Su linaje combinaba raíces de la hidalguía castellana con apellidos asentados en el sureste peninsular. 

Tuvo al menos cuatro hermanos, entre los que destaca Fernando Márquez de Ribabellosa y Rodríguez. Su  relevancia radica en ser el patriarca y tronco común de la rama familiar Márquez de Ribabellosa que se asentó y prosperó en el este de Almería.


En cuanto al apellido compuesto "Ribabellosa" hace alusión a un origen geográfico probablemente vinculado a la localidad de Rivabellosa en el norte de España. Su presencia en Lorca denota que el linaje original formaba parte de las familias del norte que participaron en la Reconquista o la posterior repoblación de las tierras murcianas. 


El rastreo en el corpus histórico de Murcia confirma que la presencia del apellido Ribabellosa en Lorca es muy antigua y estuvo estrechamente vinculada a gremios de hidalguía, escribanías y arte religioso del siglo XVI.


(Yo es que no dejo de alucinar con estos antepasados tan linajudos... y pa lo que hemos quedao).


Casó Andresito con una de las mujeres de la Casa de los Teruel de la que desconocemos el nombre, uniéndose así a la influyente familia Teruel, de gran arraigo y poder político en el concejo de Lorca durante los siglos XV y XVI, consolidando el estatus del linaje y preparando el terreno para la expansión hacia el Reino de Granada. 


El linaje original de los Teruel proviene de caballeros aragoneses que tomaron su apellido tras participar en la reconquista y repoblación de la ciudad de Teruel en el siglo XII (ya sabéis: Teruel también existe). Ramas de esta familia bajaron al sur para unirse a las campañas militares de la Corona de Castilla en el siglo XIII, se asentaron en el Reino de Murcia y pasaron a ser considerados pobladores y herederos de las tierras de Lorca. Ostentaron de manera casi hereditaria cargos honoríficos de gran relevancia en el gobierno local.


¿Y por qué desconocemos el nombre de la esposa de Andrés? Pues hay un par de teorías al respecto, así que teoricemos un poco.


Un miembro clave del linaje en esa época, Alonso de Teruel, estuvo casado con Elvira Pérez, hija de Catalina Berrío: ambas mujeres fueron procesadas y condenadas por el Santo Oficio bajo la acusación de tener ascendencia conversa. Este tipo de conflictos con la Inquisición provocó que muchas ramas de la familia Teruel intentaran limpiar sus árboles genealógicos en las décadas siguientes. Es sumamente probable que por este motivo, en expedientes de hidalguía posteriores de los descendientes, el nombre de pila de la esposa de Andrés Márquez quedara omitido o silenciado bajo la fórmula "N. de Teruel", borrando de los índices oficiales cualquier conexión que pudiera empañar las pruebas de limpieza de sangre del linaje Márquez de Ribabellosa. 


También cabe otra posibilidad, mucho más simple. 

En el siglo XVI, el control del registro civil de la Iglesia apenas empezaba a regularse y era muy frecuente que el cura redactara la partida días después del bautizo o matrimonio basándose en notas sueltas o en su memoria. Quizás recordaba al padre (Andrés) y sabía que la mujer era de la familia de los Teruel, pero olvidó su nombre de pila y se limitó a escribir N. (Nescio: ignoro) Teruel para dejar el hueco en blanco y escribirlo más tarde. Tal vez el párroco anotó los datos en papeles sueltos durante la ceremonia y, semanas o meses después, los quiso pasara a limpio al libro oficial. Pero, claro, que si el sacristán olvida preguntar el nombre, que si el cura pierde el papelito, que si patatín que si patatán, el caso es que te quedabas con el Nescio Teruel (en este caso) para ti para siempre.

4. Las mujeres del Mayorazgo (o quién manda aquí)


El hijo de este matrimonio, Andrés Márquez Ribabellosa y Teruel, también hidalgo, se mudó a Cuevas del Marqués (Almería), donde fue Regidor en 1584, 1589 y 1604. También fue alcalde de la localidad de Aguas en 1600. 

Se casó con Sabina Catalina Gómez de Esquivel Xibaja y Morales, una mujer de la nobleza local terrateniente. Por alianzas, faltaría más, que entre nobles, eso de casarse por amor era cosa de plebeyos.  Él aportaba el poder político y el estatus activo, mientras que Sabina Catalina consolidaba el arraigo territorial y los derechos sucesorios de la familia en la zona

El hijo de ambos, nacido hacia 1603, no se llamó Márquez Ribabellosa como su padre, sino Juan Márquez Xibaja y Morales. ¿Por qué un hijo renunciaría al prestigioso apellido de su padre, que era nada menos que el Regidor? Por dinero, naturalmente. En el Siglo de Oro, las "mujeres de mayorazgo" como Sabina Catalina poseían bienes inalienables (olivares, derechos de agua, capellanías) y ejercían un poder civil brutal en la sombra. Para que el hijo pudiera heredar todas esas tierras y rentas, la ley le obligaba a lucir el apellido materno. 

5. Todo queda en familia


Y terminamos con Juan Márquez Xibaja y Morales, nacido en 1603 que contaba con apenas seis años cuando se decretó la Expulsión de los Moriscos en 1609, quedando el valle de Almanzora prácticamente despoblado. Casi con total seguridad su familia formó parte del contingente de “cristianos viejos” asentados o consolidados para repoblar la zona.

Juan Márquez y Givaja, al igual que sus antecesores, gozaba de la condición de Hidalgo en el Levante Almeriense y, como tal, debía mantener armas y caballo propios listos para combatir. El área de Vera sufría constantes ataques de la piratería berberisca, por lo que debió haber formado parte de las milicias urbanas encargadas de defender las plantaciones y las explotaciones mineras o agrícolas del valle del Almanzora. ¡Qué vida más pacífica llevaba esta gente! Además, debía, aparecer registrado en el "padrón de nobles e hidalgos" de las Cuevas de Vera, lo que le otorgaba el derecho a no ser encarcelado por deudas comunes y a ocupar cargos públicos reservados en el cabildo local (como regidor o alcalde por el estado noble).

Juan se casó dos veces. En primeras nupcias con Isabel Márquez de Ribabellosa, su prima segunda. El abuelo de ella era el hermano del abuelo de él. En una época donde las dotes incluían tierras de regadío y ganado, nada de dejar que el patrimonio se fuera a manos de extraños: todo queda en familia... ¡y que viva la endogamia!

Tras enviudar, Juan se casó en segundas nupcias el 26 de julio de 1628 con quien es nuestra antepasada, Salvadora Alarcón García, uniendo así a dos de las ramas más pudientes y estables de la comarca.

Y es que, visto lo visto, nuestros abuelos no daban puntada sin hilo ni boda sin tierras.



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